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La pequeña consulta de la OCDE
La pequeña consulta de la OCDE

La pequeña consulta de la OCDE

Aunque la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) sigue impulsando el debate de la erosión de la base fiscal, aún no logra incorporar los intereses de la mayoría de países.

Renaud Fossard (1)

En medio del proceso sobre combate a la erosión de la base fiscal y el traslado de ganancias (BEPS por sus siglas en inglés) que ha emprendido la OCDE, se convocó a representantes de los países en desarrollo para tener su visión, sin embargo, esta estrategia de involucramiento no termina de cuajar.

En efecto, la reunión extraordinaria del Grupo de Trabajo (Task Force) sobre Tributación y Desarrollo de la OCDE realizada en París en marzo pasado, tuvo una mayor presencia de representantes de estos países, que los vistos en sus últimas ediciones. Incluso, algunos de ellos aprovecharon la ocasión para hablar fuerte a los países miembros de la OCDE, de donde proceden la mayor cantidad de corporaciones transnacionales que echan mano de herramientas idóneas para la temida planificación tributaria.

La presencia de los no desarrollados fue interesante. Así por ejemplo, Tania Quispe, jefa de la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria del Perú (SUNAT), además de presentar la postura peruana sobre BEPS, tuvo el encargo de moderar las asambleas plenarias ante más de 160 delegados de gobiernos, organizaciones multilaterales, ONG y sector privado.

Sin embargo, la inicial presencia de estos países en este tema, aún no puede catalogarse como un éxito, porque faltan muchos países no OCDE y no G-20 en este debate.

Detrás de la consulta, el G-20
Lo primero que hay que preguntarse es ¿por qué la OCDE organiza una reunión extraordinaria del Task Force, que originalmente era anual, para consultar a los países en desarrollo y países pobres?

La hipótesis más creíble es que el G-20 quiere que el proyecto BEPS (trabajado por los países más poderosos del mundo), sea acogido y legitimado por todos los demás a fin de volverse el estándar global.

Por ello, durante la validación del Plan de Acción BEPS en San Petersburgo en setiembre del 2013, el G-20 animó a la OCDE para que involucre a más países que solo sus miembros.

Este encargo vio la luz en la reunión ordinaria de la Task Force hecha en Seúl (también en 2013), donde se decidió organizar una serie de “consultas regionales”, destinándose un día y medio para el diálogo con las administraciones tributarias de cada país del sur de Asia, América Latina y El Caribe, y África. El objetivo era presentar y recibir opiniones sobre el Plan de Acción BEPS.

De igual forma, se planeó una reunión extraordinaria de la Task Force (marzo, 2014) con el fin de recolectar con los propios países consultados, los frutos de dicho proceso regional y poder así incorporar los intereses de los países en desarrollo y países pobres en el proyecto BEPS.

Pero la Task Force de París no pudo cerrar este proceso, y tuvo que terminar con el compromiso de seguir con la consulta a más países en desarrollo y pobres, y hacer una nueva reunión extraordinaria también en París pero a inicios de 2015. Es decir, la OCDE insistirá en involucrar a los países no OCDE y no G-20 en su famoso BEPS.

¿A quién se consultó en realidad?
Si bien, las consultas regionales permitieron plantear el tema de la elusión tributaria y del proyecto BEPS ante muchas administraciones nacionales que en algunos casos no lo conocían, no pudo construir la suficiente masa crítica para cumplir con el encargo del G-20.

Uno de los principales obstáculos fue el financiamiento. Cada país consultado tuvo que financiar con sus propios recursos la participación de sus funcionarios en las consultas de la OCDE, algo que además de crear barreras burocráticas en muchos casos, simplemente no permitió asistir a los países más pobres.

En el caso asiático, más de la mitad de los países consultados terminaron siendo miembros del G-20 y los considerados paraísos fiscales. En América Latina y El Caribe pasó algo similar pues Brasil, Argentina y México que asistieron, son miembros del G-20. Otros países como Chile e incluso Colombia, sede la consulta, son también miembros de la OCDE (Colombia a punto de serlo).

Territorios opacos como las Islas Vírgenes, San Kitts y Nevis, aportaron gente a la consulta, dejando de lado a muchos países que son afectados con la fuga de capitales fruto de la elusión tributaria.

Asimismo, Costa Rica o Perú, que también estuvieron presentes, están igualmente en la cola de países que se preparan para entrar en la OCDE. Entonces, ¿cuántos países no OCDE, ni G-20 fueron realmente consultados? Muy pocos.

Algunos países fueron metidos por la fuerza – a través las listas negras de los paraísos fiscales del G-20 de Londres 2008 – en el proceso del Foro Global de Intercambio de Información, como Uruguay, Guatemala o Panamá sí llegaron a la consulta, mientras que otros brillaron por su ausencia. Es el caso de Bolivia, Ecuador, Venezuela o República Dominicana que a pesar de tener un peso político en la región, no estuvieron. Obviamente, en la Task Force de París la asistencia fue menor que en las consultas regionales.[quote align=”left” color=”#000000″]Las consultas regionales no sirvieron mucho para que los países realmente excluidos del proceso de decisión BEPS expongan sus prioridades. Hasta el momento una evaluación de todo esto nos habla de una utopía ingenua, cuando no de una hipocresía total.XXXXX[/quote]

Al final del día, las consultas regionales no sirvieron mucho para que los países realmente excluidos del proceso de decisión BEPS expongan sus prioridades. Hasta el momento una evaluación de todo esto nos habla de una utopía ingenua, cuando no de una hipocresía total.

Lo bueno
A pesar de las debilidades ya descritas en este proceso de consulta, se dieron debates interesantes en términos de contenido, que se levantaron de nuevo durante la Task Force en París. Varios países en desarrollo consultados destacaron los puntos específicos del Plan de Acción que les parecieron importantes para sus países, de donde se pudo concluir que las agendas técnicas no son las mismas.

Tal vez, más importante aún fue el destaque de puntos no incluidos en el Plan de Acción, y claves para los países en desarrollo como el tema de la industria extractiva, las exenciones fiscales o los acuerdos de doble tributación por ejemplo. Asimismo, las necesidades de adaptación y capacitación para las administraciones. Ahí está claramente la diferencia en la agenda política.

Lo malo
Consultar no es involucrar, y opinar no es votar. Cuando los países en desarrollo llegan a preguntar a los países de procedencia de las grandes corporaciones del mundo, cuánto les va a costar hacer reglas tributarias más justas para todos, entonces se notará la brecha en la participación sin igualdad de condiciones.

Por ejemplo, a los países pobres les interesará saber cuántas exenciones tributarias para la atracción de inversión pueden negociar o ¿qué parte de la riqueza creada en estos países se está grabando a miles de kilómetros en los países ricos, donde radica la casa matriz?, o ¿cómo hacer para evitar la elusión tributaria en el sector extractivo?

¿La OCDE, quien en base al mandato del G-20 quiere que BEPS sea adoptado globalmente, va a incluir ello o solamente tomará en cuenta lo que está dentro de su marco ideológico? ¿Y si se hacen las preguntas no deseadas, habrá un debate en serio? Veremos. [space height=”HEIGHT”]

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(1) Analista en fiscalidad internacional de la Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos (Latindadd).

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