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Después del brexit, ¿qué?

Después del brexit, ¿qué?

Sin duda la salida de Reino Unido de la Unión Europea será un golpe con efecto dominó para este bloque de países, pues el espíritu euroescéptico que usan los partidos nacionalistas y de extrema derecha tendrán en estos resultados mucha gasolina para sus hogueras.

José F. Cornejo*

E

l pasado 23 de junio, a través de un referéndum, el Reino Unido puso a consideración de su población la decisión de quedarse o irse de la Unión Europea (UE). Con un voto mayoritario de 51.9% a favor del brexit (acrónimo de Britain y exit) el electorado británico le ha dado sorpresivamente un duro golpe a las élites europeas y mundiales que en las pasadas semanas desarrollaron una campaña de miedo histérica buscando influenciar su voto a favor de la permanencia en la UE. Este resultado incuestionable refleja muy bien el descontento de la población con las políticas implementadas por la UE y abre un período de incertidumbre y reconfiguración de liderazgos y posiciones en el bloque europeo, con efectos globales que, como «efecto mariposa» también se harán sentir en nuestro país.

Aunque el Reino Unido no saldrá inmediatamente de la UE y tendrá dos años para negociar nuevos términos en sus relaciones comerciales con la UE, como es el caso de Noruega y Suiza, los primeros efectos en la economía mundial ya se han empezado a sentir. Esta volatilidad de los mercados se mantendrá por algunas semanas, pero hay que señalar que esta ha sido fuertemente exagerada por los medios de comunicación. En realidad los efectos más importantes serán políticos, más que económicos, ya que con el brexit la Unión Europea ingresa en una espiral de cuestionamientos con efectos imprevisibles sobre su sobrevivencia institucional.

Un incierto futuro político para la UE
En lo inmediato, este resultado electoral ha dinamitado el paisaje político británico porque obliga al Primer Ministro, David Cameron, a dimitir, y deja al Partido Conservador profundamente dividido. Es una derrota también para el Partido Laborista de Jeremy Corbyn, cuya dirección está siendo cuestionada por sectores opositores a su liderazgo, los que ya piden su cabeza. Sale fortalecido el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) partido de extrema derecha cuyo líder, Nigel Farage, ha sido el terco instigador de este referéndum y ha celebrado el triunfo como el día de la Independencia del Reino Unido. Es pues un escenario electoral lleno de incertidumbres el que les espera a los británicos este mes de octubre, cuando se elegirá al nuevo Primer Ministro que deberá iniciar las negociaciones para la salida del Reino Unido de la UE. Como si esto no fuera suficiente, la ministra escocesa Nicola Sturgeon ha declarado su descontento con el brexit señalando que Escocia solicitaría un nuevo referéndum para separarse de Inglaterra y seguir en la UE. Luego del brexit, asistiríamos al escocexit, lo que marcaría el fin del Reino Unido.

Este resultado electoral corre el riesgo de provocar un efecto dominó en otros países de la UE en donde el descontento en contra de Bruselas es creciente. Durante el 2017 Holanda, Francia y Alemania tendrán elecciones parlamentarias. En Holanda y Francia hay partidos de extrema derecha euroescépticos exigiendo también un referéndum para decidir la permanencia de estos países en la UE. El verdadero problema para el futuro de la UE está en Francia y es ahí donde se decidirá el porvenir de las instituciones europeas.

Después de Grecia (71%), Francia es líder europeo en opinión desfavorable sobre la UE (61%). En el último año ese desprestigio ha aumentado en 15 puntos. El proyecto de reforma laboral que quiere imponer con mano firme el gobierno socialista del Primer Ministro François Hollande está siendo fuertemente cuestionado por la población francesa, con  manifestaciones violentas en todo el país, que expresan tres décadas de frustración del deterioro del nivel de vida, de recortes de ingresos, aumento de la desigualdad y retroceso de los servicios públicos. Se sabe que el proyecto de ley de reforma laboral está directamente inspirado en las directrices, documentos y resoluciones de la Comisión Europea, organismo que, tras lo que se vio en Grecia el año pasado, no tiene ninguna consideración al negativo impacto social de este tipo de medidas sobre la población.

No es sorprendente que en el transcurso de estas manifestaciones circulara una moción de censura contra la Unión Europea, a quien se considera, en última instancia, la verdadera responsable de estas políticas antilaborales. Como señala el corresponsal en Paris del diario español La Vanguardia: «En siete párrafos y cuatro conclusiones se resume todo el alegato ciudadano contra la UE: su dictado de políticas violadoras del derecho y de la libertad sindical, la utilización del euro y el dumping fiscal para empobrecer a los Estados y privatizar el sector público, la sumisión de esa política a los intereses de las multinacionales, la inmoralidad de sus políticas migratorias violadoras de la convención de Ginebra, su apoyo a las intervenciones militares que ponen en peligro la paz mundial y fomentan el militarismo, y, finalmente, la constatación de que todas esas orientaciones se adoptaron contra lo expresado en las urnas (en Grecia, Portugal y antes en Francia, Holanda e Irlanda)».

Esta cólera de los pueblos que se expresará en las elecciones del 2017, en especial en Francia, son el gran desafío existencial para la UE. El impacto global de una crisis mayor en Europa no tendrá punto de comparación con los actuales remezones que está causando el brexit.

El nuevo gobierno de PPK debe tomar seriamente en cuenta estos nubarrones que se anuncian en el Viejo Continente.

* José F. Cornejo es analista internacional.

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