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Bancos públicos de desarrollo: hacia un mejor modelo

Bancos públicos de desarrollo: hacia un mejor modelo

¿Son los Bancos Públicos de Desarrollo la opción viable para enfrentar la crisis financiera sin que los Estados queden presos de los intereses privados? El reciente informe de Eurodad, que acá presentamos, ofrece varios puntos de vista sobre la viabilidad de estas instituciones.

L os bancos públicos de desarrollo (BPD) están de nuevo en auge. La crisis financiera mundial disparó el interés por los BPD nacionales, regionales y multilaterales, en especial porque ofrecen financiación anticíclica cuando la oferta de capital privado es escasa. Ahora, varios gobiernos recurren a ellos para que expandan su contribución en áreas clave, como infraestructura sostenible, agricultura o industrialización.

En los últimos años algunos BPD nacionales, particularmente en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), han surgido como actores internacionales, al expandir sus operaciones y financiar proyectos ubicados en otros países en desarrollo. En algunos casos estos bancos han crecido hasta el punto de que, en la actualidad, son más grandes que algunas instituciones multilaterales. Al mismo tiempo, se han creado nuevos BPD, por ejemplo, en Bolivia, Francia y Tailandia; mientras que entre los nuevos actores multilaterales se incluyen el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura; estos dos últimos empezaron a funcionar en 2016.

Necesitamos BPD porque es poco probable que el sector financiero comercial proporcione, por iniciativa propia, la financiación necesaria para promover un desarrollo económico rápido, pero sostenible y respetuoso con el medioambiente, especialmente en momentos de crisis económica.

Ahora, ¿es realmente bueno contar con más BPD para apoyar el desarrollo económico en países emergentes y contribuir al proceso de financiamiento para el desarrollo de Naciones Unidas? Bueno, hasta cierto punto. No todos los BPD logran tener éxito y, aun aquellos que sí lo logran, se arriesgan a producir impactos negativos en el desarrollo – a veces debido a factores externos más allá de su control, pero con frecuencia debido a fallos en su diseño y en sus operaciones.

La ruta que deben seguir

Como muestra un nuevo informe de Eurodad (lea el resumen ejecutivo en castellano), co-auspiciado por Afrodad y Latindadd y publicado esta semana – cuando se reúnen el FMI y el Banco Mundial para sus reuniones de primavera en Washington DC – el pobre desempeño de los BPD se debe en parte a la diversidad de sus mandatos y sus roles y a sus estrategias operativas.

Eurodad cree que algunos BPD fracasan porque han perdido de vista la razón para la que se crearon. A diferencia de los bancos comerciales, y otros bancos públicos comerciales, los BPD tienen el mandato específico de ejecutar políticas públicas para promover el desarrollo económico de un país o región. Obtener rendimientos financieros no es – o no debería ser – su objetivo principal. Tampoco debería ser llenar el bolsillo de los directores o los gerentes con los abultados salarios y bonos, típicos de la cultura de excesos del sector bancario comercial, o arriesgar su independencia por la sobre-exposición en los mercados de capital privados.

[quote align=”left” color=”#000000″]Los BPD debe ser cuidadosos a la hora de decidir cómo financiarse y cómo seleccionar sus proyectos. La financiación pública puede ayudarlos a mantenerse al margen de los intereses comerciales, pero también deberían financiar proyectos que les permitan obtener resultados de desarrollo y no solo beneficios económicos.[/quote]

¿Cómo mejorar los BPD para que desarrollen todo su potencial como promotores de desarrollo y eviten los riesgos y problemas que ocasionan las malas gestiones? Eurodad ha identificado cuatro áreas en las que los BPD deben mejorar las prácticas actuales, lo que también sirve para sentar las bases para las instituciones en formación. Todos estos componentes proporcionan un modelo para un BPD “ideal”. Sin embargo, las verdaderas reformas sólo serán posibles si los BPD – y los gobiernos que los controlan – adoptan el conjunto completo de recomendaciones, no si simplemente eligen las que más les convienen.

En primer lugar – y esto no es tan obvio como podría pensarse – los BDP necesitan mandatos claros que enfoquen la institución en la obtención de resultados de desarrollo. Esto es esencial si queremos que los BPD contribuyan a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

En segundo lugar, los BPD debe ser extremadamente cuidadosos a la hora de decidir cómo financiarse y, por supuesto, cómo seleccionar sus proyectos. La financiación pública puede ayudarlos a mantenerse al margen de los intereses comerciales, pero también deberían financiar proyectos que les permitan obtener resultados de desarrollo y no solo beneficios económicos.

En tercer lugar, los BPD deben ser financieramente sostenibles a largo plazo de forma que contribuyan consistentemente a su mandato de desarrollo. Esto no significa, sin embargo, priorizar los beneficios financieros por sobre los ODS.

Finalmente – y de nuevo, no por obvio es siempre el caso – es esencial la buena gobernanza, lo que incluye estructuras representativas y democráticas y procesos de toma de decisión abiertos, transparentes, inclusivos y que incluyan la rendición de cuentas. En particular, los BPD multilaterales no deben prevalecer sobre los procesos de toma de decisión democráticos en los países en los que invierten, los que deberían tener una representación equitativa en las tomas de decisión que afectan su propio desarrollo.

Los BPD se encuentran en una posición privilegiada y de poder, desde la que pueden – y deben – desempeñar un papel muy importante en el desarrollo. Los BPD pueden dirigir la financiación a sectores o regiones importantes, contribuir a desarrollar los sectores financieros nacionales, promover la estabilidad económica y mejorar las normas existentes (por ejemplo, introduciendo salvaguardias medioambientales, sociales, de derechos humanos y de tributación responsable).

Sin embargo, para algunos BPD estos objetivos se ven comprometidos por su propia falta de rendición de cuenta y de transparencia, su sobre-dependencia del capital del sector privado y porque han perdido de vista su razón de ser original – esto es, cumplir con los objetivos fijados por las políticas públicas.

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