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Corrupción y prensa en el caso Lava Jato

Corrupción y prensa en el caso Lava Jato

La idea de “la política es corrupta” sobrevuela periódicos, canales de televisión, subjetividades y golpea en el imaginario de la democracia en América Latina. El escándalo de sobornos desatado por el caso Lava Jato – Odebrecht pone nuevamente sobre la mesa la necesidad de separar “paja de trigo”.

Los números juegan a favor del escándalo y del manejo de la opinión pública. Es casi imposible pedirle a un trabajador, cualquiera sea su condición de contratación (legal, precarizado, etc.), que no suelte su ira al enterarse que un conjunto de políticos de su país cobraron unos millones de dólares para favorecer un grupo empresario. La razón lo asistiría y el pedido de cárcel para esos políticos seria seguramente su deseo más benigno. No obstante eso, a nuestro compañero trabajador, un humo denso le opaca la visión, un árbol le tapa el bosque y le impide ver másallá de lo “evidente” según el medio de prensa que elija para informarse.

Quienes tenemos conciencia respecto de un pasado pintado de verde oliva en la región, de tanques y generales, de coroneles y presos políticos sabemos bien que la democracia es lo mejor que le puede pasar a nuestros pueblos, aun con sus errores, con sus imperfecciones. Suponer que la corrupción mata cualquier intento de liberar el desarrollo de los pueblos latinoamericanos es suponer que los gobiernos solo están llenos de gente inescrupulosa que accede a puestos de poder para enriquecerse, para beneficiarse a costa de los ciudadanos.

Nunca como antes América Latina había tenido en su historia avances tan significativos en términos de mejora social, en términos de restitución de derechos, en términos de respeto por las minorías. Nunca antes los pobres, los desclasados, los nadies (como diría Eduardo Galeano) tuvieron tanta injerencia en la generación de políticas públicas. Nunca antes habían tenido acceso al reparto de la riqueza que generan ellos mismos también. Nunca antes habían sido invitados a la mesa, sus nombres figuraban siempre al inicio del menú. Los indicadores en la última década dan cuenta de esto; la pobreza bajo de 17% al 12% en la región y la extrema pobreza del 24% al 11%. La clase media en la región aumento un 34% en el mismo lapso.

El escándalo de Lava Jato – Odebrecht da cuenta, a nivel latinoamericano, de sobornos por alrededor de 788 millones de dólares. Una cifra difícil de imaginar para cualquiera. Ese dinero utilizado como soborno para lograr contratos de obra pública es parte de los 7.8 billones de dólares que se encuentran alojados en guaridas fiscales alrededor del mundo, no solo de Odebrecht. Es el dinero que no tributa impuestos, es el dinero que logra cruzar fronteras y financiar narcoterrorismo, trata de mujeres y como vimos, corrupción política.

[quote align=”left” color=”#000000″]Nunca como antes América Latina había tenido en su historia avances tan significativos en términos de mejora social, en términos de restitución de derechos, en términos de respeto por las minorías.[/quote]

Un análisis del dinero ilegal que circula por el mundo echa sobre la mesa un dato impresionante. Solo el 5% de ese dinero corresponde a corrupción política, el 65% corresponde a operaciones entre empresas vinculadas. Operaciones, claro está, que escapan a la lupa de los fiscos, y que han sido tramadas por abogados y contadores adictos a la planificación fiscal agresiva. Entonces nos resta una reflexión sobre esta dinámica de cómo los medios de comunicación presentan la información. No existen los hechos, solo existen interpretaciones de los hechos. Una empresa compra y unos políticos se venden parecería ser la ecuación agitada sin rigor analítico desde la prensa.

El análisis lineal del problema de la corrupción invade a los ciudadanos de a pie, quienes tropezando con su cotidiana realidad, a duras penas logran informarse. Eso hace que con la misma rapidez con la que se imponen las noticias, los ciudadanos tengan que asimilarla, cotejarla y sacar conclusiones. Difícil situación. De ese modo, al recibir la opinión disfrazada de información reducen cualquier política en su beneficio al caso de corrupción que muestran los medios. Ya no importan los millones y millones de compatriotas latinoamericanos incluidos, educados, curados, respetados. Esa manera de presentar los casos de corrupción deja entrever la necesidad de lastimar, de doblegar, de mostrar los logros de los gobiernos progresistas como islas inconexas y maximizar los errores como partes de un plan siniestro para apoderarse del erario público.

Es por eso que un análisis serio sobre la corrupción debe contemplar a cada actor involucrado en el juego. Se profundiza desde los medios de comunicación la idea de “la corrupción política” como el mal endémico y cotidiano. Cuando las estadísticas sobre desarrollo humano son abrumadoras en relación a su crecimiento en la región, estas son invisibilizadas por los mercaderes de la información.

Es necesario No perder de vista el principio de transparencia para las empresas contratistas del Estado. Debe contemplar un registro completo de la diversificación de negocios de esas empresas, de los grupos económicos que trabajan con el Estado. Urge transparentar la información suministrada por las empresas, exigir controles e información de inversiones en la región y el exterior. Hacer públicos los contratos entre empresas y Estados es una buena manera de comenzar a hablar de corrupción con cabal conocimiento de causa.

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