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Ocultos en el paraíso

Ocultos en el paraíso

El menú offshore de Mossack Fonseca ofrece una extensa variedad de instrumentos para ocultar la identidad de los beneficiarios finales de las compañías montadas alrededor de la red de guaridas fiscales. La revisión de miles de documentos para una investigación periodística que será publicada hacia finales de 2017 revela que la práctica más extendida y sencilla consiste en la creación de una sociedad offshore provista de directores nominales.

Tomás Lukin *

El uso de esos testaferros evita que los verdaderos dueños figuren en los registros públicos y les permite controlar las empresas a través de amplios poderes de administración emitidos por sus prestanombres. La tarifa por ese servicio básico no suele superar los 1000 dólares. Los Panamá Papers revelan que las estructuras se montaban a medida de las necesidades de los clientes sin demasiadas preocupaciones por su legalidad.  Una segunda maniobra habilitada por los panameños era la creación de compañías offshore que hicieran las veces de pantalla para operar cuentas bancarias secretas donde la única mención al dueño real apenas figura en la ficha de apertura del banco como beneficiario de un poder de abogado sobre la cuenta.

El montaje de una red de compañías encadenadas alrededor de distintas guaridas es otra de las herramientas provistas que se complejiza con el uso de distintos tipos de estructuras como los fideicomisos o fundaciones donde la identidad del beneficiario final es incluso más difícil de identificar.

Las combinaciones son infinitas pero la opacidad está garantizada. Apenas el 1,4% de la información vinculada a los empresarios argentinos presentes en los Panamá Papers está disponible entre los registros públicos. Entre los más de setenta casos de grandes empresarios del país sudamericano identificados en las bases de datos existe solo uno donde los detallas del entramado offshore montado a través de Delaware, Islas Caimán, Bahamas, España y Uruguay para administrar el paquete accionario de una papelera figuran en documentos públicos. Para el resto de los representantes que recurrieron a Mossack Fonseca la información sobre las estructuras offshore utilizadas para controlar cuentas, propiedades, inversiones y acciones es exigua o nula. El caso del presidente argentino Mauricio Macri y su offshore bahameña existía información pública en Brasil pero no había indicios sobre la creación de esa sociedad en ningún documento oficial del Grupo SOCMA.

El perfeccionamiento de los mecanismos de ocultamiento utilizados por Mossack Fonseca a lo largo de cuatro décadas de servicios da como resultado complejas estructuras de control que obligan a rastrear la identidad de los dueños de las empresas offshore alrededor de la red global de guaridas fiscales. La porosidad de los registros públicos, la laxitud de la información inscripta, la falta de voluntad política para limitar los abusos y la reticencia de los países convertidos en grandes centros financieros para compartir sus datos provee un reaseguro al secretismo.

La creación de registros de beneficiarios finales donde se identifique a los verdaderos dueños de las compañías, fideicomisos y demás formas societarias utilizadas en el universo offshore se presenta desde la sociedad civil como una respuesta necesaria para limitar los abusos canalizados por esa vía. Ninguno de sus promotores desconoce las restricciones que posee la iniciativa pero, entienden, que representa un avance frente a la opacidad imperante. La proliferación de los registros de beneficiarios finales permitiría transparentar el universo offshore pero Mossack Fonseca está un paso adelante. [quote align=”left” color=”#000000″]La porosidad de los registros públicos, la laxitud de la información inscripta, la falta de voluntad política para limitar los abusos y la reticencia de los países convertidos en grandes centros financieros para compartir sus datos provee un reaseguro al secretismo.[/quote]

En enero de 2009, una mujer de nacionalidad estadounidense solicita algunos datos sobre la cuenta secreta que tiene en una sucursal del HSBC y que los mayoristas panameños gestionaban por ella ya que estaba preocupada por que su identidad pudiera haberse filtrado por descuido. En el intercambio por correo electrónico el gerente ejecutivo de Mossack Fonseca, RamesesOwens, intenta calmarla y le ofrece la posibilidad de contratar un “natural personnominee”. La maniobra, explica el panameño, consiste en nombrar a una persona que actúe como beneficiario final frente al banco eludiendo ella cualquier tipo de supervisión. El servicio no es barato. El primer año debería abonar treinta mil dólares aunque, a partir del segundo, el costo se reduce a la mitad. Tampoco es sencillo implementarlo. Owens le explica a la estadounidense que primero se debe encontrar un individuo que pueda demostrar holgura económica y luego deben completarse una larga serie de formularios y documentos. Los periodistas del diario alemán SüddeutscheZeitung, FrederikObermaier y BastianObermayer, aseguran en su libro “Panamá Papers: El club mundial de los evasores de impuestos” que la clienta aceptó la propuesta. Quien asumió como titular de la colocación en el HSBC fue Edmund Ward, el ex suegro de Ramón Fonseca, que como no se cansaban de repetir a sus clientes “era perfecto para la labor encomendada: era un ingeniero los suficientemente acomodado, de nacionalidad británica pero afincado desde hacía años en Panamá, y muy poco amigo de los viajes”. De esa manera, Ward se convierte en el titular de la cuenta bancaria para el HSBC y el individuo sobre el cual se realizarán los procesos de debida diligencia.

Las prácticas desarrolladas a lo largo de cuatro décadas por Mossack Fonseca para garantizar el anonimato de sus clientes y la inestabilidad macroeconómica que experimentan los países latinoamericanos como consecuencia de los flujos financieros ilícitos no solo crean un escenario propicio para avanzar en el diseño de los resistidos registros de beneficiarios finales sino que exponen la relevancia de la regulación de los flujos de capitales y la supervisión del sistema financiero dos elementos centrales para limitar la capacidad de daño de las operaciones canalizadas a través del mundo offshore. Los registros representan un avance significativo para comenzar a transparentar el funcionamiento del sistema vigente. La regulación y el control constituyen una resistida necesidad para la construcción de los listados se convierta en una herramienta efectiva para atacar los abusos canalizados a través de la red global de servicios financiero offshore.

* Tomás Lukin, periodista argentino de Página12

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