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Nicaragua y la modernización de México

Nicaragua y la modernización de México

México ha sido puesto como ejemplo para Nicaragua, presentándose como la muestra de una política exitosa de modernización. En efecto, desde 1994 entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio con Canadá y los EEUU. Diversos Estados, principalmente los fronterizos con los EEUU se han modernizado, y México ha pasado del lugar 24 en el ranking de complejidad de sus exportaciones en 1996 al lugar 21 en 2015.

Adolfo Acevedo *

Normalmente, el índice de complejidad de las exportaciones suele ser un buen predictor de la tasa de crecimiento del PIB per cápita. Sin embargo, cabe preguntarse sobre las raíces de esta correlación.

Si uno analiza la evolución de la estructura del empleo de los países que han avanzado significativamente en este índice, y en el crecimiento del PIB per cápita, se encuentra que, en los mismos, ha estado modificándose la estructura del empleo, de manera que exhiben una participación cada vez más elevada del empleo de creciente productividad en el empleo total.

Así, China, por ejemplo, pasó del lugar 41 en el ranking de complejidad de sus exportaciones en 1996 al lugar 26 en 2015, mientras su PIB per cápita crecía a una tasa promedio anual del 8.6 por ciento en el periodo 1996-2016.

A lo largo de este periodo, China estuvo experimentando un acelerado proceso de transformación en la estructura del empleo, tal que se fue incrementando el peso del empleo en las actividades de productividad más elevada y creciente, en el empleo total.

Dado que la productividad media del trabajo es una media ponderada, siendo el factor de ponderación la participación de los diversos sectores de actividad en el empleo, este proceso acelerado de transformación estructural dio lugar a un rápido crecimiento de la productividad media del trabajo.

Como se sabe, la tasa de crecimiento del PIB per cápita puede descomponerse en la tasa de crecimiento de la relación empleo/población más la tasa de crecimiento de la productividad.

En el caso de China, en el periodo analizado la relación empleo/población creció a una tasa promedio anual del 0.1 por ciento, mientras la productividad media del trabajo (el PIB por persona ocupada) lo hizo a una tasa impresionante, del 8.5 por ciento.

Este fue el periodo culminante del bono demográfico en China, de modo que la fuerza de trabajo todavía creció más rápido que la población total, pero este factor, aunque contribuyó, no constituyó el factor explicativo fundamental del crecimiento del PIB per cápita, sino que este estuvo representado por el crecimiento, que no puede calificarse sino de impresionante, de la productividad media del trabajo.

Por el contrario, el desempeño de México en la década 1996-2016 ha sido, por decir lo mínimo, mediocre. El PIB per cápita ha crecido a una tasa promedio anual de apenas el 1.23%.

Como ya vimos, la tasa de crecimiento del PIB per cápita puede descomponerse en la tasa de crecimiento de la relación empleo/población más la tasa de crecimiento de la productividad media del trabajo.

En el periodo analizado, la tasa de crecimiento promedio del PIB per cápita del 1.23% se explicó por una tasa de crecimiento promedio anual de la relación empleo/población del 0.92%, mientras que la tasa correspondiente a la productividad media del trabajo fue del 0.31%.

En este caso, la tasa de crecimiento del PIB per cápita se explicó en su mayor parte porque la fuerza de trabajo ocupada – la fuerza de trabajo está creciendo debido al bono demográfico y femenino – creció más rápido que la población total, mientras la productividad media de la fuerza de trabajo ocupada apenas creció en 0.31%.

En la ultima decada, esto es en 2006-2016, cuando se aceleraron las ¨reformas modernizadoras¨, el desempeño de mexico ha sido aun más decepcionante. El PIB percápita apenas creció 0.64% como promedio anual, como resultado de un incremento de la relación empleo/población del 0.75% promedio anual y de un crecimiento negativo de la productividad media del trabajo del -0.11% promedio anual.

¿Por qué el proceso de modernización de México, y el índice de complejidad de sus exportaciones, no se han traducido en tasas de crecimiento del PIB per cápita más decentes?.

Desde nuestro punto de vista, la explicación estaría en el hecho de que el proceso de modernización se tradujo principalmente en la instalación de algunos importantes ¨islotes¨ de modernidad, responsables de la mejora en la complejidad de las exportaciones, los cuales, sin embargo, no han mostrado una alta densidad de encadenamientos con el resto de la economía, ni han logrado absorber porcentajes cada vez más significativos de la fuerza de trabajo, la cual ha continuado encontrando refugio, en gran medida, en las actividades de menor productividad.

La implicación sería que la implantación de islotes de modernidad, incluso importantes por su contribución bruta a la complejidad de las exportaciones, no necesariamente equivale a un proceso de transformación estructural capaz de traducirse en incrementos sistemáticos, y verdaderamente significativos, en el peso empleo de mayor productividad, de la productividad media del trabajo, y del ingreso per cápita, a través del tiempo.

MEXICO: EL INDICE DE COMPLEJIDAD ECONOMICA Y EL CRECIMIENTO

Normalmente, existe una correlación bastante sólida entre la brecha existente entre el Índice de Complejidad Económica (medido por la complejidad de las exportaciones) y el nivel inicial de ingreso per cápita de un país, y el crecimiento posterior del PIB per cápita de ese país a mediano plazo.

Como usted sabe, México se encuentra entre los 21 primeros lugares en el mundo por su índice de complejidad económica. Dado que su nivel de ingreso per cápita es bajo en comparación con su índice de complejidad económica, esto permitiría predecir que crecería más rápidamente que otros países con un menor Índice de Complejidad en relación con su nivel de ingreso.

México está entre los primeros diez lugares a nivel global por la diferencia entre su nivel de ingreso per cápita y su índice de complejidad, y ocupa el segundo lugar en América Latina (sólo detrás de Panamá).

En base a ello, en 2011 se estimaba que la expectativa de crecimiento de su PIB per cápita era de 3.5% para 2020.

Sin embargo, para 2016, a pocos años de arribar a 2020, la tasa de crecimiento del PIB per cápita seguía siendo decepcionante. Entre 2011 y 2016 el PIB per cápita de México creció a una tasa promedio anual de apenas un 1.1%, como resultado de un crecimiento promedio anual de la relación empleo/población de 1.3% y de un crecimiento negativo de la productividad media del trabajo del -0.2% promedio anual.

En este caso, la tasa de crecimiento del PIB per cápita se explicó exclusivamente porque la fuerza de trabajo ocupada – la fuerza de trabajo está creciendo debido al bono demográfico y femenino – creció más rápido que la población total, mientras la productividad media de la fuerza de trabajo ocupada decreció a una tasa del -0.2% promedio anual.

La implicación sería que la relación entre la brecha entre nivel de ingreso inicial y complejidad de las exportaciones, y el crecimiento posterior del PIB per cápita, no es mecánica, sino que se explicaría por factores como si los productos que se exportan conllevan o no una alta densidad de encadenamientos y por la difusión o no del progreso y el conocimiento tecnológico al resto de la economía, si se está transformando o no la estructura del empleo de manera que porcentajes significativamente mayores del mismo sean generadas por actividades de creciente productividad – cuya la complejidad no represente solo productos que se ensamblen en el país -, o si representan, en el fondo, islotes de modernidad que no se logran convertir en motor de dicha transformación.

* Adolfo Acevedo es investigador nicaragüense y miembro de la Red de Justicia Fiscal de América Latina y el Caribe

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